Hubiera querido ser abogado, pero la música siempre rondó su cabeza. Antes que todo Napolitano es un músico y empezó con el blues que define como un rock más lento. “No soy virtuoso pero musicalmente soy honesto. Mi música de niñez es el vals, el bolero, el pasillo y el tango, pero también es Frank Sinatra, Los Beatles, Jimmy Hendrix y John Lee Hooker”, declara el hombre que siempre ha sido de grupos (los apóstoles, promesas temporales...).
“Soy de manadas, de esquinas. Cuando el barrio se desarma, soy el único en irme. Con la edad me hice más selectivo, ahora solo toco con mi hijo Lucas. Él es un guitarrista estudiado, le gusta el jazz y el Blues y es el único que puede organizar mi caos. Suelo cambiar las letras, las armonías, mi hijo me sigue y me da fortaleza escénica”.
El viejo Napo no se ve tan mal por haber vivido tantos excesos. “He exagerado con el alcohol y las drogas, pero siempre la música fue más importante que cualquier experiencia sicodélica. Soy un curioso inteligente, un sobreviviente. Mi generación es de los hippies y yo vivía como si estuviera en San Francisco y nunca conocí esa ciudad”, detalla el cantautor cuya voz ronca, sombrero de paja toquilla y gafas negras son casi marca registrada.
LEA: Héctor Jaramillo, leyenda de la música ecuatoriana, revela el origen de su éxito ‘El pañuelo blanco’
El hombre siempre fue jovial y generoso. Sus canciones hacen parte del imaginario colectivo ecuatoriano y lo disfruta: “Nunca me tomé en serio, soy un juguetón de las palabras. Cuando canto me gusta que la gente se ría”, acota el hombre que recuperó su guitarra gracias a Facebook. “Me la robaron hace dos meses y de repente la vi a la venta en redes sociales, llamé al vendedor y la recuperé sin pagar”.
Napo confiesa ser sedentario y muy familiar. “Viví en Portoviejo, Cuenca, Quito y Galápagos pero soy un producto nacional y cuando toqué en España e Italia a finales de los 70, siempre me presenté como un artista ecuatoriano aunque nadie sabía del país en ese entonces”.
Al viejo Napo no le gusta viajar pero los fines de semana da la vuelta al mundo escuchando Bluegrass, Country y los tangos que tanto quería su padre. “Mi papá era argentino, mis abuelos italianos. Los recuerdo con música. Siento muy profundamente cada nota, soy sentimental. Lloro mis muertos, mis padres y mis hermanos. Éramos ocho, solo queda una hermana y yo”.
Héctor está a punto de cumplir 70 años y paradójicamente se siente más expuesto. “La gente me identifica por las redes sociales. Me siento más visto que antes. Antes era un nombre y un misterio, ahora la gente siente que me puede conocer. Un amigo me regaló una camiseta con una caricatura mía y una frase que dice: “Sí, yo mismo soy. Siempre me la pongo cuando salgo”, acota entre sonrisas.
LEA: Sting hizo un regalo a Ecuador: Lo mejor de 50 años de su carrera con The Police y como solista
El 14 de febrero Napo dio un concierto en Grilling Mafia, en Samborondón y fue un éxito total. Como de costumbre cantó más de la cuenta y fue el último en salir del lugar. Su hijo Lucás lo acompañó y demostró que el talento también es hereditario. “Un buen concierto se da cuando la gente conecta contigo. No importa que haya 100 o dos mil personas. El verdadero fracaso es no llegar al corazón de la gente”.
¿Hasta cuándo se presentará en los escenarios?, le pregunto para finalizar nuestro encuentro.
Apago la grabadora y como si fuera el inicio de un concierto Napo cogió su banjo y tocó un blues de antaño. Comprendí el mensaje. Larga vida maestro.