Elecciones Ecuador 2025

Debate presidencial 2025: la mejor y peor respuesta de Daniel Noboa y Luisa González

Al final, el debate dejó más claro quién domina la escena política actual, pero no necesariamente quién tiene el mejor plan para el país.

lunes, 24 marzo 2025 - 11:41
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El debate presidencial del 23 de marzo entre Daniel Noboa y Luisa González no fue una exposición de ideas, sino un choque frontal cargado de recriminaciones, insinuaciones y respuestas a medias.

Aunque ambos candidatos intentaron imponerse en los cinco ejes temáticos —educación, salud, seguridad, economía y gobernabilidad—, el resultado fue un intercambio marcado por la tensión y la percepción.

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En ese terreno, las propuestas concretas escasearon, pero hubo momentos que destacaron: uno por su contundencia, otro por su vacío.

La mejor respuesta: claridad en medio del ruido

En un debate cargado de ataques personales y acusaciones cruzadas, la percepción volvió a imponerse como motor de la política. La respuesta más concreta y eficaz vino de Daniel Noboa. Durante el eje temático de criminalidad y seguridad, el presidente-candidato anunció la entrega de un bono extraordinario para las Fuerzas Armadas, dirigido especialmente al personal de tropa. En un país atravesado por una crisis de violencia sin precedentes, la propuesta no solo fue oportuna, sino también concreta y realizable, en contraste con el tono general del encuentro.

Noboa aprovechó su posición actual para proyectar la idea de que, a diferencia de su contrincante, él puede actuar de inmediato. Apeló al reconocimiento del sacrificio militar en medio del conflicto con el crimen organizado y reforzó su imagen como un mandatario que responde con hechos, más que con promesas abstractas.

Por su parte, la intervención más destacada de Luisa González se dio en el eje de economía y empleo. La candidata propuso créditos para vivienda al 5% a través del BIESS, y financiamiento para emprendedores al 7,5% mediante la CFN. La propuesta fue técnica y apuntó a un problema estructural: la falta de acceso al crédito. Además, reafirmó su compromiso con la dolarización y con la reactivación económica desde el Estado. Sin embargo, careció del impacto emocional y de la inmediatez que sí logró Noboa, en un debate donde la percepción de autoridad y eficacia pesó más que la formulación de planes a largo plazo.

La peor respuesta: silencios y evasivas

Uno de los momentos más flojos de Daniel Noboa durante el debate se produjo en el eje de salud y seguridad social. Consultado sobre el futuro del sistema de seguridad social ecuatoriano, se limitó a hablar de la necesidad de “implementar reformas” para garantizar su sostenibilidad financiera. Sin embargo, no ofreció detalles sobre la naturaleza de esas reformas, ni presentó un diagnóstico claro de los problemas estructurales que enfrenta el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) o el sistema hospitalario público.

La vaguedad de su respuesta contrastó con la claridad que mostró en temas como seguridad o economía. Además, al tener actualmente las riendas del Ejecutivo, Noboa tenía la posibilidad de respaldar su discurso con cifras, acciones en marcha o propuestas técnicas. Optó, sin embargo, por un abordaje generalista que dejó más dudas que certezas.

En un país donde los usuarios del sistema de salud enfrentan constantes carencias en medicamentos, atención y acceso, la ausencia de una visión clara sobre el tema dejó un vacío importante en su discurso. Fue, sin duda, una oportunidad perdida para demostrar gestión, conocimiento y liderazgo en un sector históricamente relegado en los grandes debates.

En cambio, la respuesta más floja de Luisa González se produjo en el eje temático de gobernabilidad, donde centró su intervención en cuestionar la legalidad de la candidatura de Noboa. Le preguntó en cadena nacional si había solicitado la licencia correspondiente para postularse y si había encargado formalmente la Presidencia a la vicepresidenta, como estipula la Constitución. Si bien sus preguntas apuntaban a generar dudas sobre la transparencia del proceso, su intervención careció de propuesta concreta o de una visión estructural sobre cómo planea ejercer la gobernabilidad en un escenario de polarización y crisis institucional.

La estrategia de González fue eminentemente reactiva: buscó colocar a Noboa a la defensiva, pero no aprovechó el espacio para presentar un plan claro sobre cómo establecer acuerdos con la Asamblea, garantizar la independencia de poderes o enfrentar los bloqueos institucionales que han marcado los últimos gobiernos. En un país que ha atravesado varias crisis políticas recientes —incluida la disolución de la Asamblea y la activación de la “muerte cruzada”—, la falta de un discurso propositivo en este eje fue un flanco débil.

En lugar de proyectarse como una lideresa capaz de tender puentes y garantizar estabilidad, la candidata prefirió enfocarse en un tecnicismo legal que, aunque relevante, no resolvió las inquietudes de fondo de la ciudadanía sobre cómo evitar que el próximo gobierno caiga nuevamente en parálisis política.

Dos estilos, dos estrategias, un país polarizado

En síntesis, el debate presidencial entre Daniel Noboa y Luisa González dejó en evidencia no solo las profundas diferencias políticas entre ambos, sino también sus estilos y prioridades frente a la contienda. Aunque el formato ofrecía cinco ejes temáticos clave —educación, salud, seguridad, economía y gobernabilidad—, gran parte del encuentro se convirtió en un campo de confrontación personal más que en una vitrina de propuestas.

Noboa apostó por mostrar capacidad de acción desde el poder, con propuestas rápidas y golpes discursivos. González buscó exponer debilidades institucionales de su contrincante, pero falló en ofrecer un programa de gobernabilidad convincente. Al final, el debate dejó más claro quién domina la escena política actual, pero no necesariamente quién tiene el mejor plan para el país.

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