Editorial

Escoger a los mejores

viernes, 17 enero 2025 - 16:17
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Una Vicepresidenta que anuncia que se posesionaría el 5 de enero y ordena a los estamentos del orden que la respalden. Un Presidente que, a su vez, nombra una Vicepresidenta por segunda ocasión y pide licencia por tres días para hacer campaña. Una Asamblea que ordena a los legisladores que deben participaren las elecciones a tomar licencia y posesiona en cargos trascendentes a personajes vinculados con intereses corruptos. Las fuerzas militares y policiales dirimiendo el confuso panorama generado por los políticos, respaldando al Presidente. Una vez más es evidente, en blanco y negro, la debilidad institucional del Ecuador, donde la Ley se interpreta según quien empuja la puerta giratoria. Y en medio del caos, la ciudadanía no encuentra una respuesta a sus necesidades vitales más urgentes: seguridad, empleo, educación y salud.

Es la trágica historia de Ecuador, un país que en las últimas décadas de democracia ha vivido episodios como la remoción de presidentes, la pugna eterna entre el poder Ejecutivo y el Legislativo, las protestas masivas como las manifestaciones de 2019 y 2022 donde no hubo mecanismos institucionales para resolver los conflictos de manera pacífica y efectiva. Esa falta de institucionalidad ha traído como consecuencia corrupción e impunidad, ausencia de controles eficaces y de rendición de cuentas de las instituciones públicas, por lo cual apenas llegan migajas de las inversiones de los extranjeros y de los mismos ecuatorianos, mientras en países vecinos estas ruedan de forma abundante para beneficio de sus poblaciones.

El panorama futuro es oscuro y poco esperanzador. ¿Cómo cambiarlo? Paradójicamente, depende de cómo elijamos a quienes nos deben gobernar y representar para elaborar las leyes. Por esta razón es imperativo, escoger no al menos malo, sino a lo mejor de lo que hay. Rechazar a través de los votos a quienes tienen un pasado de abuso del poder, de corrupción y de intereses ajenos a los ciudadanos. No podemos esperar un cambio, sino escogemos a los mejores para cada dignidad.

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