Un estudio realizado por Jenni Mäki, pediatra del Instituto Finlandés de Salud y Bienestar analizó la relación entre la convivencia con perros y la salud de los bebés durante su primer año de vida.
Los investigadores observaron que los niños que crecían en hogares con estos animales tendían a presentar menos episodios de enfermedad en comparación con quienes no convivían con mascotas.
Según el estudo, una posible explicación estaría en la mayor diversidad de microorganismos presentes en estos hogares, que podrían influir en el desarrollo del sistema inmunológico infantil.
La influencia del entorno microbiano
La investigación siguió a 368 niños desde antes de su nacimiento hasta que cumplieron un año. Aproximadamente un tercio de las familias participantes tenía un perro.
Durante el estudio, los científicos analizaron muestras de polvo doméstico y detectaron 14 tipos de microorganismos que aparecían con mayor frecuencia en las viviendas con perros.
Entre ellos se encontraban distintas bacterias y hongos que podrían desempeñar un papel en la maduración del sistema inmunitario.
Una asociación con mejores indicadores de salud
Uno de los microorganismos identificados fue la bacteria Pasteurella, habitual en la boca y las orejas de los perros. Su presencia, junto con la de Collinsella, se asoció con una menor frecuencia de fiebre y un uso reducido de antibióticos entre los bebés incluidos en el estudio.
Los investigadores aclaran que estos resultados muestran una asociación, pero no demuestran que estos microorganismos sean la causa directa de una mejor salud infantil.
Qué significa este hallazgo
El estudio sugiere que la composición del ambiente microbiano dentro del hogar podría influir en el desarrollo del sistema inmunológico durante los primeros meses de vida.
Más que la cantidad de microorganismos, los investigadores destacan la importancia de la diversidad y del tipo de especies presentes.
Aunque los resultados aportan información relevante sobre la relación entre las mascotas y la salud infantil, los autores señalan que serán necesarias nuevas investigaciones para confirmar estos efectos y comprender mejor los mecanismos involucrados.
Por ello, el estudio no implica que tener un perro garantice una mejor salud en los niños, sino que aporta nuevas evidencias sobre cómo el entorno doméstico podría influir en el desarrollo del sistema inmunitario durante la primera infancia.













