Un error soberano | Vistazo

Un error soberano

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

Un error soberano

Viernes, 21 de Julio de 2017 - 12:32
Uno de los legados de la Revolución Ciudadana es la nueva modalidad de contratos petroleros que fue impulsada a partir de 2010. Se sustituyeron los contratos de participación, por unos de servicios. Con este esquema, el Estado pasó a ser el dueño del 100 por ciento del crudo extraído pagando a las empresas privadas una tarifa fija por su trabajo.
 
Lo que parecía una sincera política “soberana” de maximizar las rentas para el Estado, fue en realidad un costoso error. Analicemos porqué.
 
El nuevo contrato petrolero de prestación de servicios es una “joya” que evidencia un profundo desconocimiento de la teoría económica. En este contrato el Estado acordó pagar a las empresas privadas una tarifa fija por cada barril extraído ($35/barril en promedio). Pero la realidad es que los costos de los insumos de producción nunca son fijos sino que están determinados, en última instancia, por los precios de los bienes finales.
 
Es así que el costo de extracción de un barril de crudo está influenciado por el precio final del petróleo.
 
En 2015, los precios del petróleo cayeron a la mitad. Como la expectativa era hacia un descenso en los precios, los productores petroleros restringieron su actividad demandando menos factores de producción (maquinaria, insumos, personal, etc.). Consecuentemente, los precios de los insumos necesarios para la extracción de crudo también cayeron.
 
El Estado no pudo beneficiarse de estos menores costos de producción porque los contratos petroleros establecieron una tarifa fija.
 
Se llegó a la aberración de que el Fisco tenga que pagar a los proveedores petroleros por sus servicios una tarifa superior al precio al que el Estado vende el crudo. Por ejemplo, en noviembre de 2015 el país vendió su crudo a $31/barril, pero el valor del servicio a pagar a las compañías petroleras se calculó con una tarifa promedio de $35/barril. Esta situación se repitió durante ocho meses hasta abril de 2016.
 
Adicionalmente, el nuevo contrato de servicios también envía señales erróneas a las empresas petroleras. Cuando los precios son altos: desincentiva una mayor inversión y expansión en las actividades ya que la totalidad del beneficio adicional se lleva el Estado mientras que el costo de producción incremental lo debe asumir la empresa contratista.
 
Cuando los precios son bajos: le conviene a la empresa mantener la producción porque el Estado ecuatoriano le garantiza una tarifa fija superior a la que reciben en otros países (aunque parte de ese ingreso sea una cuenta por cobrar para cuando se recupere el precio del crudo). 
 
Necesitamos nuevos contratos petroleros. Recordemos que estos acuerdos determinan cómo se reparte el dinero y quién sale ganando. Que no se vuelva a cometer errores “soberanos” con contratos que desconozcan que los precios de los insumos son variables y dependen de la expectativa del precio del crudo.
 
Esto debe quedar reflejado en un contrato que se adapte a las variaciones del mercado, que distribuya mejor los riesgos e ingresos cuando los precios son altos y cuando son bajos.