Un Ecuador para Moreno, otro para Lasso | Vistazo

Un Ecuador para Moreno, otro para Lasso

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

Un Ecuador para Moreno, otro para Lasso

Viernes, 24 de Marzo de 2017 - 10:33
El Ecuador que Lenín Moreno recibiría, si gana la Presidencia de la República, será totalmente distinto al Ecuador que ungiría a Guillermo Lasso si el triunfo es suyo. Este país está políticamente tan polarizado e institucionalmente tan debilitado, que el solo hecho de que sea Moreno o Lasso el próximo mandatario, el ejercicio del poder dará giros diametrales. Por eso hay incertidumbre en una sociedad que necesita construir consensos urgentes de cara a la crisis económica que se avecina.
 
Moreno sería un presidente con una cómoda estabilidad política en el marco institucional (mayoría en la Asamblea, autoridades de control correístas y un poder judicial marcado por Alianza PAIS), siempre y cuando lo suyo sea administrar el ‘statu quo’. Si Moreno –como así ocurrirá– decide no hacer olas con Rafael Correa ni Jorge Glas, tendrá un poder legislativo que le apruebe las leyes sin problema y una oposición que muy poco podrá hacer en materia de fiscalización. 
 
Sin embargo, esa estabilidad institucional puede significarle una bomba de tiempo si opta por decisiones económicas opuestas a la visión estatista de Alianza PAIS. Moreno recibirá un Ecuador endeudado, con un aparato productivo postrado y un IESS desfinanciado. Su campaña no da pistas de cómo reactivar la economía. E insiste, hasta el punto de la demagogia, en solucionarlo todo con bonos e inversión pública, sin explicar de dónde saldrán los recursos.
 
Como Alianza PAIS no se va poner la soga al cuello en la cruzada contra la corrupción, el conflicto estallará en las calles. En 10 años, el correísmo desechó el diálogo como forma de hacer política y a Moreno, lejos de proyectarse como una candidatura incluyente, se lo ve hosco y ensimismado. 
 
Ante la falta de interlocutores, la protesta social podría incrementarse sin que sea extraño suponer que la respuesta estatal será el autoritarismo. ¿Acaso, el vicepresidente Glas ha demostrado ser un político tolerante? ¿Acaso, el próximo presidente de la Asamblea, José Serrano, no fue por muchos años la mano dura del Gobierno?
 
Guillermo Lasso, en cambio, podría llamar a la paz social. De hecho, el apoyo a su candidatura se volvió inevitable para muchos sectores. Los acuerdos nacionales serán indispensables para un Lasso que gobernaría con un bloqueo permanente desde los distintos poderes del Estado. Una consulta popular, para tumbarse la reelección indefinida y a las autoridades correístas de control, o la misma Asamblea Constituyente tendrían que ser calculadas al milímetro, bajo la certeza del triunfo electoral.
 
Si bien la crisis económica acechará a Lasso al igual que a Moreno, las urgencias para el candidato de CREO-SUMA serán políticas. Su supervivencia como mandatario y como opción de poder pasará por poner un punto final al correísmo. Lo complejo es que mientras Lasso se desgasta cuidándose de los boicots, la realidad económica le exigirá muchas horas de trabajo. Él ha prometido mucho a muchos sectores; su desafío será cumplir esos compromisos y así blindarse políticamente.