Último día del correísmo... | Vistazo

Último día del correísmo...

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

Último día del correísmo...

Viernes, 05 de Mayo de 2017 - 10:37

El título de esta columna está incompleto, esperando que el nuevo gobierno no traiga de vuelta aquella frase (¿o mito?) del Quito de la independencia, con innegable carga de pesimismo y frustración: último día de despotismo y primero de lo mismo. 

Resulta trágico tener que buscar en los sucesos contemporáneos símiles históricos, para reconocer, finalmente, que los comportamientos políticos del Ecuador que se forjaba en el siglo XIX se parecen tanto a los actuales. 

Ese despotismo, pese a todas las resignificaciones con las que sus defensores desde el poder lo justifican, seguirá campante porque la base institucional en la que se sostiene esta democracia es profundamente autoritaria.  

Desde el 24 de Mayo, Moreno tendrá dos opciones: beneficiarse de ella o impulsar un cambio que vaya más allá de las fachadas. Estas semanas de transición dejan algunas pistas, quizás muy incipientes todavía, de cómo transitará el nuevo Mandatario. 
 
El don de la ubicuidad, al menos, no parece ser lo suyo. La necesidad que tiene Moreno de cuidar su salud (que es algo muy distinto a su condición de discapacidad) le obligará a ser un presidente con más horas de descanso y actividades privadas. Aquello puede ser positivo para que el ambiente nacional se sosiegue... hasta que su antecesor recargue baterías y aproveche ese vacío circunstancial para llenarlo con su política estridente.  
 
¿Se imaginan a Correa leyendo y dictando clases en Bélgica, por los próximos cuatro años, sin extrañar el enorme poder que amasó a punta de reformas legales, altos commodities y votación popular? 

Como se dijo en una columna anterior, el gran desafío de Moreno no solo será lidiar con las expectativas de empresarios, movimientos sociales y ese medio país que ya no confía en la Revolución Ciudadana, sino con un correísmo que puede reeditarse a su vista y paciencia. 

Hasta el momento, el estilo ‘conciliador’ de Moreno, por fuera de su desatinado reproche al periodista Freddy Paredes, pretende reeditar aquello que le funcionó bien en sus días de Vicepresidente. Y sobre promesas no muy claras quiere evitar que se hable de desdolarización, de medios de comunicación censurados y de ciudadanos fiscalizadores perseguidos, para instalar en el país esa idea de que la confrontación correísta, necesaria hace 10 años, ahora está superada.
 
Es muy complicado abrir el camino hacia una nación más democrática y tolerante, si el Quinto Poder sigue integrado por figuras como el contralor Carlos Pólit o el flamante fiscal Carlos Baca Mancheno, que responden a la fidelidad y al estilo autoritario del Presidente saliente. Moreno tampoco ha planteado la necesidad de emprender reformas institucionales, como la electoral o aquella que detenga el ataque a la prensa desde la Ley de Comunicación y su Superintendencia, demostrando así que su mandato será diferente.
 
Sin embargo, es injusto hacer de todas estas percepciones una suerte de sentencia política sobre lo que será el nuevo gobierno. Por lo que es preferible mantener incompleto el título de esta columna, con la esperanza de no tener que decir después que el 24 de Mayo de 2017 fue el último día de correísmo, pero el primero de lo mismo...