Prosperidad: ¡Sí se puede! | Vistazo

Prosperidad: ¡Sí se puede!

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

Prosperidad: ¡Sí se puede!

Viernes, 07 de Julio de 2017 - 12:19

Los gobiernos quieren convencernos de que su función es proteger a los productores más ineficientes frente a aquellos más eficientes. En Ecuador, esta “política productiva” se llamó sustitución de importaciones, cuyo objeto es incrementar la oferta de bienes nacionales restringiendo importaciones. Pero esta estrategia nos empobrece, no nos vuelve más prósperos. Veamos porqué. 

La herramienta central de la sustitución de importaciones es “sesgar precios relativos e incrementar rentabilidad de sectores priorizados para la transformación productiva”. En otras palabras: subir los precios internos de los bienes producidos por los sectores “ganadores” a través de la implementación de mayores aranceles, cupos, normas técnicas, etc. Con precios más elevados sus actividades se vuelven rentables. 

Esta política parte de un desconocimiento absoluto del funcionamiento del mercado. No entienden que los precios contienen un importante mensaje del consumidor hacia el productor: cómo producir, en qué cantidad y de qué calidad. 

Al forzar incrementos en los precios, el gobierno induce a los productores a tomar decisiones erradas y los condena a la ineficiencia. Los productores responden adquiriendo tecnología que les permite ser rentables a pesar de tener procesos productivos ineficientes. 

Pero estas decisiones de inversión no son compatibles con un nivel de precios competitivo (más bajo). Ejemplifiquemos: si un par de zapatos cuesta 100 dólares en Ecuador, una empresa que los produce pudo invertir en una máquina semi manual y ser rentable. Pero si los zapatos hubieran costado 40 (como en el mercado internacional), no habría comprado esa máquina sino una automática que le permita producir más eficientemente. En conclusión, el emprendedor realizó una mala decisión de inversión por culpa de una política del gobierno. 

Adicionalmente, la "protección" aleja a los emprendedores y a los recursos de la economía de las actividades en donde serían más eficientes. Impide que los productores migren hacia sectores en los que podrían tener mayor rendimiento y haber satisfecho de mejor manera a los consumidores por calidad y precio. Los condena a la mediocridad, a la ineficiencia, a sentir que no son capaces de competir. 

Las políticas para “proteger” a los productores frente a los consumidores suponen erradamente que se trata de dos grupos totalmente separados. En realidad, todos somos productores y consumidores al mismo tiempo.  

Los privilegios que el gobierno otorga a los “elegidos”, los pagamos los consumidores a través de precios más elevados. Que no nos obliguen a comprar un zapato, una camiseta o un juguete nacional por ser la única opción, sino que elijamos por ser la mejor opción. 

Es tiempo de sustituir el objetivo de “consume lo nuestro” por uno nuevo coherente con una sociedad de bienestar, productiva y eficiente. ¿Por qué enfocarnos en un mercado de 16 millones de habitantes cuando podríamos hacerlo en uno de 7.000 millones si miramos más allá de nuestras fronteras? Propongo que retornemos a la senda de la prosperidad y trabajemos por un nuevo ideal: ¡que el mundo conozca Ecuador!