Presidente, ¡elimine la reelección! | Vistazo

Presidente, ¡elimine la reelección!

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

Presidente, ¡elimine la reelección!

Viernes, 16 de Junio de 2017 - 13:26
Por las circunstancias en las que gobierna, al presidente Lenín Moreno le resultará complicado limpiar la corrupción estatal. Las buenas intenciones y su convicción por dejar una patria saneada no serán suficientes si es que no está dispuesto a quitarle poder a Alianza PAIS en todas las instancias del Estado: ministros correístas, media Asamblea, los organismos de control y la justicia. 
 
Diez años han sido demasiado tiempo y el velo de impunidad sigue intacto. Es posible que las investigaciones de la Fiscalía en torno al caso Odebrecht sacudan algunos cimientos y que gente poderosa como el contralor Carlos Pólit termine con procesos abiertos que sirvan más para calmar a la opinión pública que para emprender una verdadera purga. El tío del vicepresidente Glas, con un arresto domiciliario, también puede ser sentenciado, convirtiéndose en el trofeo de una autodepuración superficial. 
 
Más allá de cómo se vire la página de Odebrecht, Moreno ha sido insistente en hablar de una cirugía mayor a la corrupción. En estos primeros días de gobierno, ha pedido el concurso de las Naciones Unidas, buscado el peso moral de figuras emblemáticas o exhortado a los funcionarios públicos a que lleven un manejo escrupuloso de sus cargos. 
 
Son medidas que tendrán poca fuerza, pues el golpe certero contra los corruptos pasa por debatir la conveniencia de que exista la figura de la reelección tanto para autoridades de elección popular como para aquellas instancias que dependen del Quinto Poder. 
 
Cobijado por una consulta en las urnas, Moreno podría sortear la arremetida de su propio partido y quitar de un solo tajo aquel incentivo que vuelve a los mandatarios adictos al poder. 
 
La Revolución Ciudadana vendió la idea de que la estabilidad política, la construcción de obras y el desarrollo requieren de largos períodos de un solo gobierno. Lo que nunca dijo es que en ocho, 10 o 14 años de mandato consecutivo es más probable que la administración pública aliente mecanismos de corrupción, coimas e impunidad. Surge entonces un círculo vicioso donde la misión de los gobernantes ya no es servir al país, sino cuidarse las espaldas. 
 
Las lecciones que dejan, en ese sentido, las designaciones sucesivas de Pólit en la Contraloría están clarísimas, al punto que el propio Consejo de Participación Ciudadana, encargado de supervisar ese proceso, se escuda en el engorroso concurso ‘ciudadano’ para no hacerse responsable por la eternización de este funcionario. 
 
O que María José Carrión, nuevamente presidenta de la Comisión de Fiscalización de la Asamblea, en lugar de oxigenar los esfuerzos de transparencia, demuestra el poco empeño de Alianza PAIS por buscar la verdad.
 
Quienes redactaron la Constitución de 1978 fueron particularmente claros al prohibir la reelección. Querían alejar al Ecuador de modelos caudillistas como el de Velasco Ibarra y, tras siete años de dictaduras militares, promover la alternancia como el principal valor de un sistema democrático. En un plano de comparación histórica, los desafíos que vivía el Ecuador de 1978 son similares a la era poscorreísta.
 
La cirugía que promete Moreno contra la corrupción puede empezar por reformar el sistema político que la alienta.