País dividido | Vistazo

País dividido

Opinión, Patricia Estupiñán

Patricia Estupiñán

País dividido

Lunes, 10 de Abril de 2017 - 11:05

La historia considerará al presidente Rafael Correa como un gran constructor de carreteras, hizo más de 9.000 km de vías en una década. Paradójicamente, las carreteras que unen a los pueblos ya que derriban barreras y prejuicios, no nos unieron. Los resultados electorales reflejan un país partido en dos porque el constructor nos enfrentó unos contra otros: pobres contra ricos; obreros contra patrones; soldados contra oficiales, etc. El dinero fue visto como el abuso del fuerte al débil y no como una herramienta de intercambio del trabajo honesto. 

Durante esta década, a través de leyes y regulaciones, se asfixió a quienes generaron dinero. Cuando autoridades que nunca han producido nada exigen el permiso y determinan las condiciones para producir; cuando las leyes no protegen la generación honesta de riqueza; cuando se observa el enriquecimiento por corrupción y ésta queda impune; cuando se persigue a los que la denuncian; cuando no se quiere ver porqué en Cuba, el 50% de sus habitantes desean irse a otro lugar; cuando no se comprende porqué en Venezuela han emigrado más de dos millones de personas; y cuando no se quiere asumir la responsabilidad de que en Ecuador en los últimos años se perdieron más de 300 mil empleos formales por malas decisiones, una sociedad está viciada. 

Usar una parte del pueblo para tener sometida a la otra es una práctica de populistas y dictadores, que sin pudor engañan a los más débiles con promesas de dádivas, abusando de sus sueños y esperanzas, todo por conseguir votos y lealtades que ni ayudan a los pobres ni permiten el desarrollo, pero beneficia enormemente a quienes están en el poder. 

A pesar de la grave crisis que sufre Ecuador, Alianza PAIS ofreció aumento de bonos, casas gratis y cuidado desde la niñez hasta la vejez. Según el resultado de las elecciones la mitad de los ecuatorianos no estuvo de acuerdo con el modelo impuesto en estos 10 años y votó por lo único que saca a los pueblos del subdesarrollo: la libertad, la unión, el trabajo con el pago honesto, y la oportunidad de educación para competir en una cancha equilibrada. 

El nuevo presidente tiene el desafío de integrar el tejido social. Su primera tarea es demostrarle al Ecuador que se debe al país y no a su partido y que habrá transparencia y juzgamiento para los graves casos de corrupción de Odebrecht y Petroecuador, donde además exfuncionarios han hecho graves denuncias. 
 
Debe estar consciente de que no habrá progreso sin la participación de todos: ricos y pobres, obreros y patrones, soldados y oficiales, etc. Es imperativo que trabaje por restaurar la integridad y el imperio de la ley para recuperar la libertad y la democracia. También necesita abrir el país al mundo y relacionarse armoniosamente con todos los socios comerciales, no solo con los amigos ideológicos. Por último de emplearse a fondo para detener la avanzada del narcotráfico que ha corroído a la juventud y empañado nuestra imagen internacional.
 
Ya es el tiempo de enterrar el pensamiento mezquino y la rivalidad entre ecuatorianos.