¿Mito o realidad? | Vistazo

¿Mito o realidad?

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

¿Mito o realidad?

Viernes, 16 de Junio de 2017 - 12:45
Dicen que una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad. Es una falacia decir que el déficit comercial es una amenaza para la dolarización. En su primer conversatorio, el nuevo ministro de Finanzas retomó este argumento esgrimido por diez años de correísmo al asegurar que “la principal vulnerabilidad de la economía ecuatoriana está en el sector externo”. Esta lógica justifica la continuidad de medidas para restringir importaciones: salvaguardias, normas técnicas, cupos, aranceles elevados, entre otros. 
 
Pero es una política económica equivocada porque desconoce el verdadero origen del déficit comercial. Expliquemos. Todas las transacciones que se realizan entre el Ecuador y el mundo (excluyendo los flujos financieros) se registran en la cuenta corriente. Aquí se encuentran: el comercio de bienes y servicios, pago de renta y remesas de migrantes. 
 
La cuenta corriente está determinada por la siguiente fórmula: ahorro nacional - inversión doméstica. Esto no es una teoría, sino una identidad de la Contabilidad Nacional (equivalente a decir que 1 + 1 = 2). Aquí no caben interpretaciones ni ideologías. 
 
Cuando la inversión doméstica supera al ahorro nacional, se produce un déficit de cuenta corriente. Esto es justamente lo que sucedió en Ecuador en la última década. Como el nuevo nivel de inversión nacional superó la oferta interna de bienes y servicios, el país tuvo que acudir al mercado externo para su compra. Por ejemplo, las nuevas hidroeléctricas requirieron de turbinas de generación importadas que no existían en el mercado interno. 
 
El déficit de cuenta corriente no debe ser motivo de preocupación, ni pone en riesgo la dolarización. Se trata simplemente de un síntoma de que el país está incrementando más rápidamente su stock de capital. 
 
¿Cuál fue el origen del tan temido déficit de cuenta corriente? El fuerte incremento en el nivel de inversión pública que pasó de 4,2%  del PIB en 2006 a 11,5% en 2016. Para financiar esta inversión, el gobierno utilizó parte del ahorro privado (financiamiento interno) y créditos externos. 
 
Si el gobierno insiste en reducir el déficit de cuenta corriente, bastaría con reducir el nivel de inversión pública hasta equilibrar el presupuesto fiscal. Inmediatamente desaparecería el déficit de cuenta corriente, pero esto también significaría que el país reduciría su ritmo de acumulación del stock de capital. El dilema es: acelerar la inversión tolerando un mayor déficit de cuenta corriente, o buscar cerrar ese déficit reduciendo el ritmo de inversión. 
 
Es hora de acabar con el mito de que el déficit comercial es una “amenaza” para la dolarización que se “soluciona” con restricciones comerciales. La única salida sostenible para reducir el saldo comercial negativo es controlar el desbocado déficit fiscal reduciendo el gasto público. No insistan en pasar a los ciudadanos la cuenta de los desequilibrios creados por el gobierno forzándonos a reducir el consumo y la inversión privada.