Las familias revolucionarias | Vistazo

Las familias revolucionarias

Opinión, Santiago Roldós

Santiago Roldós

Las familias revolucionarias

Viernes, 05 de Mayo de 2017 - 10:51
La anunciada dulcificación del régimen represor y autoritario de Correa a manos de azúcar Moreno y azúcar Glas será relativizada desde el vamos por el líder de la Asamblea, exministro de la Policía y por ende exzar anti drogas, José Serrano, visto en los corrillos políticos como un presidente in pectore, a la espera de la calamidad de un gobierno que empieza en la cuerda floja de la ilegitimidad política, la descalificación ética y la precariedad económica. 
 
Demostrada la incapacidad de las organizaciones opositoras para dar fin a la larga pesadilla post neoliberal, protagonizada por la generación mejor preparada, más sumisa y/o corrompida de la historia de nuestra tecno burocracia, puede ser sensato preguntarse sobre el horizonte de descomposición interna del PRI ecuatoriano que ha sido Alianza PAIS desde su fundación.
 
En la estructura caciquil de la república colonial del Ecuador, toda organización de poder se estructura a partir de familias políticas, muchas de ellas verdaderos linajes regionales que se han ido reciclando, gobierno tras gobierno, como liberales, socialcristianos, populistas, socialdemócratas, neoliberales y ahora socialistas del siglo XXI. 
 
En casi cada municipio o junta parroquial, en casi cada universidad pública o privada, disímiles familias (en el sentido literal y el siciliano), conviven en armonía, en la exacta medida en que el reparto del poder y las canonjías logran colmar los intereses particulares de cada una de ellas. 
 
En el caso del México de Salinas de Gortari, este equilibrio se rompió cuando la ficción de su ascenso a las ligas mundiales del libre comercio hizo aguas: la irrupción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional no fue más que un signo de la tensión irreparable entre la retórica y la publicidad estatal del progreso y el desarrollo, la realidad de los pueblos más desfavorecidos.
 
Y así, ochenta años después de los asesinatos de Emiliano Zapata y Pancho Villa a manos de sus antiguos aliados de la Revolución Mexicana, la cabeza del Partido de la Revolución Institucionalizada, nacido para poner orden en el “México bronco”, decidió asesinar a su candidato a la presidencia para 1994, Luis Donaldo Colosio, en un intento desesperado por no ser desalojados del poder.
 
Salinas logró imponer, fraude de por medio, a su nuevo delfín, brillante funcionario de la tecno burocracia salinista, Ernesto Zedillo, quien en pocos meses llevó al país al abismo. Es importante hablar de estos referentes, para procurar que cosas así no ocurran en nuestro país (el actual imperio del narco en México es obra de esa voluntad de poder absoluto de la generación de Salinas). 
 
Vistas sus políticas reales contra los pueblos originarios, sindicatos y cualquier asociación civil mínimamente crítica, al menos a la mitad de la sociedad ecuatoriana, y esta es la cuestión central de nuestros problemas de convivencia con la otra mitad, nos resulta evidente que el impuesto del progreso y el orden burocrático de Alianza PAIS es demasiado elevado.
 
Esa mitad, muy probablemente mitad más uno, pensamos que somos y seremos gobernados por personajes desaforados, sin límites, capaces de todo. Quienes nos oponemos democráticamente a esta sin duda eficaz y sofisticada dictadura democrática, no queremos un fin ruin de la historia de PAÍS, sino un desenlace a la altura del porvenir que nos merecemos.