Glenda Morejón, emblemática | Vistazo

Glenda Morejón, emblemática

Opinión, Santiago Roldós

Santiago Roldós

Glenda Morejón, emblemática

Viernes, 04 de Agosto de 2017 - 12:32
El triunfo de la imbabureña Glenda Morejón en los Campeonatos Mundiales Juveniles de Kenia 2017, logrado prácticamente sin apoyo institucional, es realmente emblemático de un tiempo y un régimen que se cansó de vanagloriarse y gastarse millones en propaganda para convencernos de que su mal llamada revolución ciudadana era algo más que el perfeccionamiento del neoliberalismo, el empoderamiento de una nueva clase tecnoburocrática y el ascenso de sus principales arquitectos a la oligarquía nacional e internacional 
 
Tras diez años de tejer y beneficiarse de una maraña de instituciones, también en el campo de la promoción y las políticas públicas del deporte, una atleta ecuatoriana que se había ganado el derecho de representar al país en un certamen de alta competencia, tenía que concurrir allí sin entrenador, sin zapatos nuevos, y con un régimen de acondicionamiento artesanal: en lugar de complejos aditivos, el ingrediente secreto de María fue el agua con panela. 
 
Todo alrededor de su gesta resulta conmovedor: la economía de sus zapatos, con un padre desempleado (“pese a ser licenciado”, como repitió Glenda una y otra vez a los medios, entre el asombro y la serena indignación), ingeniándoselas para parchar los de entrenamiento y así poder reservar los igualmente viejos que usaría en las nales; el tesón de una madre, vendedora de frutas y verduras, para sostener no sólo la economía del hogar, sino también la dedicación de una hija que sólo en el triunfo sería arropada, final y exclusivamente, por los reflectores de la burocracia estatal; y la imagen de Glenda tras vencer en los últimos metros a sus contendoras, rota emocionalmente, abrazada y contenida en su soledad por otra mujer, una desconocida policía de Kenia. 
 
Ese abrazo entre la joven atleta andina y la oficial africana signa las desproporciones entre la retórica de la macro política y la realidad de los micro relatos del afecto y la solidaridad. 
 
Pero que la admiración y la conmoción ante el esfuerzo sin duda emblemático de Glenda, su familia y colaboradores, no nos aletarguen. Como recordó el periodista Walter Ruiz Jaén en un editorial de su programa de Radio Diblú: la historia de esta campeona se parece demasiado a la de Jeferson Pérez, que a su vez se parecía demasiado a la de Rolando Vera. Personas humildes, provenientes de familias con altas dificultades económicas, luchando contra la adversidad, y fraguando su carácter en contra de todo pronóstico.
 
La reiteración de tan admirable excepcionalidad no puede quedarse en la loa de los casos singulares, ni siquiera en la justa indignación ante la corroboración de tal marca de postración e invariabilidad de una sociedad de castas y clases como la nuestra, a la cual la mal llamada revolución ciudadana, igual que otros movimientos populistas reaccionarios que secuestraron y usurparon la retórica del cambio, sólo han apuntalado y bendecido. Lo cabal, justo y necesario es demandar interpelación de los responsables de estos diez años, no sólo en materia directa de promoción deportiva, sino de política general. 
 
A escasos kilómetros del hogar y los lugares de entrenamiento de Glenda, de la venta de su madre, de las calles que recorre su padre, los nuevos ricos de Alianza PAIS erigieron Yachay y la onerosa sede de la UNASUR, mausoleos y catedrales para su devoción, sumisión y pleitesía. La corrupción de estos años no se limita a Odebrecht y demás grandes contratos del latrocinio del mal llamado socialismo del siglo XXI, se trata centralmente de su inconsecuencia radical con sus compromisos. Pero también interpela a una sociedad que proclive a conmoverse ante el éxito, y no ante el flagrante fracaso de las mayorías y las minorías todos los días.