El primer preso político | Vistazo

El primer preso político

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

El primer preso político

Lunes, 10 de Abril de 2017 - 11:01
Si Lenín Moreno logra capear las irregularidades del escrutinio de este 2 de abril denunciadas por CREO, tarea en la que el CNE y el Contencioso Electoral le servirán de aliados indiscutibles, tendrá que explicar al país cómo será su gobierno. 
 
Los 2,34 puntos con los que Moreno se llevaría esta victoria (Correa venció a Álvaro Noboa en 2006 con el 13,34 por ciento de diferencia; a Gutiérrez, en 2009, con 23,75 por ciento y a Guillermo Lasso en 2013, con 34,49 por ciento) le obligan a darse un baño de realismo. A proyectarse como un estadista. 
 
La campaña ha terminado. Moreno ya no puede dar más excusas con cálculos proselitistas. Los resultados del domingo, apretados para Alianza PAIS y con margen de duda, demuestran que el Estado de propaganda llegó a su límite y que el Ecuador, lejos de oír planes de vivienda poco aterrizados, necesita saber cómo hará frente a un país con el segundo peor crecimiento de la región, solo por encima de Venezuela. 
 
La deuda pública, más allá de eufemismos técnicos, supera el 40% del PIB de una nación cuyo aparato productivo está golpeado. Parte de esa deuda marcará el futuro del IESS a mediano plazo, sin que el plan Toda una Vida, de la campaña de Moreno, haya dado respuestas a lo que está pasando con el dinero de los jubilados. 
 
A esas realidades es que tendrá que hacer frente, así los señores Alvarado le diseñen un plan de propaganda que suavice los problemas inmediatos del país, en donde no haya debates o entrevistas en la prensa, sin guiones acordados o respuestas vía e-mail.
 
Una victoria tan estrecha, le obliga a buscar acuerdos con los sectores políticos y económicos que no votaron por él, si es que la calma en las calles es su prioridad. 
 
Para esas urgencias, Moreno ha prometido forjar un estilo de menor confrotación, para corregir los vicios de una gestión marcada por graves escándalos de corrupción. 
 
Sin embargo, no podrá diseñar un gobierno a la medida de sus ‘convicciones’. ¿Estará en capacidad de enjuiciar a sus coidearios cuando conozca, por ejemplo, la lista de Odebrecht y comprometer toda la estabilidad política que le garantiza el correísmo con el control del CNE, la mayoría en la Asamblea, la Corte Constitucional, la Fiscalía, las cortes y demás entidades de control?  
 
Cortar la corrupción de un tajo en su movimiento político, como así lo ha prometido, es enfrentar a toda una maquinaria política que, puesta en su contra, podría anularlo como presidente.
 
Moreno ganaría con un estrecho margen, por encima de Guillermo Lasso, lo cual significa que la mitad del país no está de acuerdo con su plan de gobierno ni con la desmesurada influencia que el correísmo ha tejido en todos los ámbitos de la vida: desde la administración económica y de Justicia, hasta los espectáculos públicos como el caso del partido con Colombia y las vuvuzelas. 
 
Si Moreno quiere hacer un gobierno de unidad, tendrá que enfrentar a la maquinaria política más grande e implacable que ha tenido el país, de la cual él es su primer rehén. Ojalá, las luces de su inteligencia y las fuerzas de su ser permitan a Moreno ejercer un gobierno decente.