El miedo a la libertad | Vistazo

El miedo a la libertad

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

El miedo a la libertad

Viernes, 24 de Marzo de 2017 - 10:19
La calidad de la educación superior es indispensable para que las economías avancen en la cadena de valor y logren superar procesos de producción simples y la elaboración de productos básicos. El mundo actual requiere profesionales capacitados para desarrollar tareas complejas con capacidad de adaptación a las cambiantes necesidades productivas. 
 
Durante la última década, el gobierno se enfocó en ampliar la cobertura de la educación pública y garantizar su gratuidad. Lamentablemente, los avances en su calidad han sido insuficientes en relación a la abundancia de recursos invertidos. Ecuador obtuvo una nota mediocre: puesto 81 entre 138 países (Índice Global de Competitividad 2016- 2017). ¿Cómo transformar esta realidad? 
 
La clave está en cambiar los incentivos del juego. En lugar de que las instituciones educativas públicas tengan un presupuesto asegurado independientemente de qué tan bien hagan las cosas, hagámoslas competir por captar más alumnos. Para lograrlo tendrán inevitablemente que mejorar la calidad de su oferta educativa. 
En este esquema el Estado seguirá destinando el mismo presupuesto por estudiante que en la actualidad, pero esos recursos no se entregarán a los centros educativos sino directamente a los estudiantes a través de un voucher educativo. Este documento solo servirá para pagar por educación. La gratuidad continúa garantizada, pero al cambiar el receptor del subsidio del oferente (centro educativo) al demandante (estudiante), se crean los incentivos para un modelo virtuoso. 
 
El estudiante y su familia recuperan la libertad de escoger en dónde estudiar. En una primera etapa, la elección se podrá realizar entre instituciones públicas de educación básica y superior. En un segundo periodo, según la disponibilidad de recursos fiscales, se abriría gradualmente la opción de utilizar el voucher también en instituciones privadas para los estudiantes con el mejor desempeño académico. 
 
Por ejemplo, el 10% superior en la evaluación de ingreso a la universidad podría escoger cualquier universidad ya sea pública o privada. El voucher serviría para cubrir la totalidad del costo de cualquier universidad pública, pero probablemente el estudiante tendrá que poner una diferencia de su bolsillo si desea asistir a una universidad privada que tiene un costo superior. 
 
La contraparte para que este esquema funcione, es devolverle la autonomía a las instituciones educativas. No podrán prosperar aquellas instituciones que tienen enquistados funcionarios que buscan defender sus privilegios, ni aquellas con sindicatos que exigen prebendas excesivas. Les irá bien solo a aquellas que tomen las mejores decisiones académicas y administrativas haciendo buen uso de su autonomía.
 
El voucher educativo no es una idea nueva. Ha sido aplicada con éxito en Finlandia y Suecia que tienen las mejores escuelas en el mundo. En Ecuador, su aplicación nos permitirá alcanzar 2 objetivos simultáneos: mantener la gratuidad de la educación pero con calidad. No temamos al poder transformador de colocar a la libertad en los cimientos de nuestro sistema educativo.