El magnate del cambio | Vistazo

El magnate del cambio

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El magnate del cambio

Roberto Izurieta Viernes, 18 de Noviembre de 2016 - 12:48
Al igual que el Brexit, la variable que más define el resultado final de la elección de los Estados Unidos es la división entre los ciudadanos del campo (y/o pequeñas ciudades) y las grandes ciudades. Es entendible, los ciudadanos de los pueblos pequeños y del campo en Inglaterra, Estados Unidos y muchos otros países, se han sentido dejados de lado, han sido relegados del progreso, de la educación, de la salud, con carencias de infraestructura y sobre todo de empleo. Son ahora más pobres, con menos educación, menos oportunidades y menos ingresos. En el reporte de ingresos de los últimos años en los Estados Unidos, todos los segmentos electorales han visto mejorar sus ingresos: latinos, mujeres, hombres, jóvenes (aunque muy poco) pero, según el Wall Street Journal: “Los hombres blancos que no viven en ciudades grandes son el único segmento de la población que no ha visto mejorar su ingreso sino que por el contrario ha disminuido”. ¿Y cuál fue el segmento electoral que le da el triunfo a Donald Trump? Es este segmento de ciudadanos.
 
A diferencia de lo que muchos piensan, que todo lo que hacía Donald Trump era planificado y le producía grandes efectos, él era y es su peor enemigo. Cuando Trump era él mismo, sobre todo en los tres debates, bajó en las encuestas. Cuando se escuchó el video sobre su trato con las mujeres, también ocurrió lo mismo. Pero cuando apareció la declaración del director del FBI sobre los emails de Trump es un hombre muy rico (así parece), no es parte del mundo económico que ellos resienten. Por el contrario, lo han marginado a pesar de ser blanco y rico porque no tiene la clase y la sofisticación que demanda pertenecer a ese grupo de poder (sobre todo en la ciudad de Nueva York).
 
Y luego la joya de la corona
 
El ‘establishment político’. Hillary Clinton personificaba lo político y a los políticos. Su experiencia, que era su gran activo, se convirtió en su debilidad. En esta elección, los votantes dijeron desde el inicio no a los Clinton y los Bush, que habían dominado la escena política por 30 años. La verdadera revolución de esta elección se da en términos electorales pero no en términos de la estructura en sí de poder.
 
Encuentre el reportaje completo en la última edición de Revista Vistazo.