Dinero Electrónico | Vistazo

Dinero Electrónico

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

Dinero Electrónico

Viernes, 05 de Mayo de 2017 - 11:03

En los últimos meses, el gobierno ha renovado sus esfuerzos por introducir el dinero electró- nico. En diciembre, la Superintendencia de Control del Poder de Mercado prohibió a los bancos rechazar esa moneda, al poco tiempo los obligó a usar sus canales para recargas y, en marzo, capacitó a las comercializadoras de GLP en su uso. ¿Por qué tanto interés en que usemos dinero electrónico? 

La razón está en el excesivo gasto público y la consecuente urgencia por financiamiento. Durante la última década, la política económica se basó en la premisa: mientras más Estado, mejor. En 2014, Ecuador alcanzó el récord de segundo mayor gasto público de las Américas (con 44% del PIB), solo superado por Venezuela. Ese mismo año se desplomó el precio del petróleo y el gobierno reaccionó endeudándonos agresivamente para evitar recortar su exuberante gasto. Han transcurrido tres años y la situación fiscal no mejora. 

La reserva internacional se ha transformado en la caja chica del gobierno. Al 13 de abril, los préstamos al fisco con esos fondos alcanzaron $ 5.800 millones. Esta política ha provocado que la reserva internacional ya no alcance para respaldar el encaje bancario. Esto significa que nuestros temores se han materializado y que el dinero electrónico tampoco está respaldado con recursos de la reserva internacional, sino con papeles de deuda del Ministerio de Finanzas. 

Ya nos anunció en 2014 el entonces gerente del Banco Central, cuando nos explicó que “ningún banco en el mundo que recibe un depósito lo deja guardado... Yo podría construir una gran pecera y poner ahí todos los dólares para que todos los vean, pero sería absolutamente ineficiente. La función de los bancos es gestionar la liquidez hacia actividades productivas de inversión”. 

Su única imprecisión fue que el mayor beneficiario de estos fondos no fue el aparato productivo, sino el gobierno. 

Podemos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que los nuevos dólares que entreguemos a cambio de dinero electrónico, tendrán la misma suerte, y terminarán financiando las arcas fiscales. Sin embargo, el mayor riesgo es que, con límites legales insuficientes, el gobierno emita dinero electrónico sin respaldo para financiar su gasto. En ese momento, esa moneda perdería valor y nos enfrentaríamos a dos niveles de precios distintos: uno más bajo si compramos en dólares y otro más alto si lo hacemos en dinero electrónico.  

Recordemos que con dinero electrónico no se puede importar. Dependeríamos de la capacidad del Banco Central para proveernos dólares, lo que reactivaría su interés por controlar el flujo de capitales. 

El dinero electrónico no es avanzar al futuro, sino retroceder al pasado. Es volver a tener una moneda propia, como claramente lo explicó el exgerente del Banco Central: “...en el caso del dinero electrónico ecuatoriano también hay emisión de una especie monetaria digital, denominada en dólares americanos”. La actual promesa de conversión uno a uno frente al dólar, dependerá de la salud de las cuentas fiscales. Sin una firme decisión por reducir el excesivo gasto público, todo apunta a un pronto retorno del sucre. La decisión está en manos del nuevo gobierno.