Despedida | Vistazo

Despedida

Opinión, Patricia Estupiñán

Patricia Estupiñán

Despedida

Lunes, 05 de Junio de 2017 - 11:57

Una de las principales características de los gobernantes totalitarios y/o es el culto que se rinde a su imagen. Por diez años hemos presenciado a multitudes venerar a Rafael Correa casi como a un dios terrenal gracias a una propaganda que puso a soñar a los más pobres con promesas que no siempre pudieron ser cumplidas, y a un discurso de odio y revancha, que polarizó al país. Hemos observado a funcionarios serviles, congresistas, y jueces cambiar sumisamente sus valores y la verdad para ajustarse a sus deseos. Y hemos sido testigos de una larga despedida donde se ensalzó su legado, que es imposible de ser evaluado en el presente, pues su trascendencia o la ausencia de ella, solo se develará con el devenir de los años. 

Hubo una copiosa borrachera de poder, vanidad y servilismo. La embriaguez de poder en el expresidente duró hasta el último minuto, a las ocho de la noche del 23 de mayo envió un proyecto de ley para maniatar las redes sociales. Este era el último reducto sin su control. Para él: las masas debían ser dominadas con propaganda y quienes se atrevían a pensar distinto acallados con el terror: amenazas de juicios y de cárcel. 

La cumbre de la vanidad fue la inauguración de un museo en Carondelet para exhibir sus condecoraciones y sus regalos: doctorados honoris causa, relojes de más de diez mil dólares, un collar de diamantes, plumas y un sable, entre otros, valorados en 300 mil dólares aproximadamente. El expresidente argumentó que los dejaba por ética, que no habrían tenido sus antecesores. 

Sin embargo: ¿Hubiera podido utilizar alguno de estos regalos o guardarlos en su casa sin la respectiva seguridad? Obviamente, no. No es el caso de otros obsequios como algunas bicicletas y guitarras que sí se llevó. ¿Por qué no envió los regalos a alguno de los museos que tiene el país? ¿Teníamos que gastar casi medio millón de dólares para construirlo? ¿Cuánto costarán la seguridad, los guías del museo, la climatización? ¿Qué ganamos con esto? ¡Otro activo improductivo! 

El servilismo desbordó al aparato estatal en la transmisión de mando. La prensa oficial interrumpió la trasmisión del acto principal para que las cámaras siguieran a Correa hasta que se subió al vehículo. Tuvimos que esperar por más de diez minutos para escuchar el mensaje del presidente electo. Igualmente, en su afán de reverencia el presidente de la Asamblea no solo se concentró en el exmandatario, sino que hizo a su pequeño hijo rendirle también deferencia. El derroche de alabanzas continuó en la cobertura posterior de los medios públicos, donde hubo más despliegue en número de páginas a Correa que al nuevo presidente. 

Este coctel de poder, vanidad y servilismo convierte al Estado en un depredador de sus ciudadanos y deja sin responsabilidad ni rendición de cuentas a los funcionarios. Mientras más pronto termine esta resaca le irá mejor al país. ¡Presidente Moreno éste es su gobierno y su tiempo!