A contar voto a voto | Vistazo

A contar voto a voto

Opinión, Santiago Roldós

Santiago Roldós

A contar voto a voto

Lunes, 10 de Abril de 2017 - 10:48
Ecribo otra vez desde el precipicio de la distancia temporal –apenas horas después de los resultados del Consejo Nacional Electoral–, y la geográfica –concluyendo la dirección de “Luces de bohemia”, de don Ramón del Valle-Inclán, que vine a realizar a Salvador de Bahía, Brasil.
 
Así, viendo la realidad con las gafas del Internet y las redes sociales, lo primero que llama mi atención es la abstracción de la historia reciente del correísmo, propagada por sus seguidores, aludiendo al cumplimiento irrestricto de las normas. 
 
Como si su gobierno, su líder y su movimiento, se hubieran atenido alguna vez a las leyes que ellos y ellas mismas reformaron, sólo para maniatarlas y violarlas inmediatamente después.
 
Pedir confianza irrestricta al Consejo Nacional Electoral es como pedirle a la población shuar entender que nuestra soberanía es materia de las mineras chinas, y no de la integridad colectiva e individual de los pueblos y las personas.
 
Ecuador requiere recontar voto a voto. No se trata sólo de lo ajustado del resultado, sino de la falta de credibilidad de todos los organismos de control, incluyendo el electoral, durante 10 años de violencia política y corrupción. 
 
Lo segundo más llamativo es aún peor: la evidencia de la aguda fractura social, imperante no sólo en Ecuador, sino en América Latina.
 
La utopía de la micro política posmoderna como relato y perspectiva que trascendiera la dimensión maquiavélica de la búsqueda de la captura del poder, a cambio de afirmar la potencia de nuestro ser político per se, ha devenido en la instalación de la guerra fría del mundo bipolar del siglo XX en nuestro cotidiano, nuestras relaciones humanas y afectos. 
 
Esta fractura y violencia política de la proximidad no es imputable a los discutibles, diversos y muy distintos socialismos del siglo XXI latinoamericanos, en todo caso hijos del neoliberalismo atroz, forjador de Chávez y Maduro, y responsable directo del imperio del narco, la semi esclavitud laboral y la obesidad en México (por mencionar sólo un par de cosas sumamente obvias), sino a la estructura colonial que sigue gobernando nuestras relaciones. 
 
Los proyectos de la izquierda y la derecha han terminado siendo más o menos igual de feudales, demandadores de siervos antes que de ciudadanos. Servidumbre, en el lenguaje religioso que nos articula, es sinónimo de feligresía. Y todo Dios, me temo que lamentablemente también el del Nuevo Testamento, reivindicado por la Teología de la Liberación, demanda siervos. Aún de la libertad.
 
El país partido prácticamente por la mitad no significa dos países uniformes: el éxito de Moreno en la Costa y el de Lasso en la Sierra nos habla de, por lo menos, dos transversalidades: PAIS ha terminado cosechando el voto duro del populismo derechista de los extintos Partido Social Cristiano y PRE; y la derecha conservadora y confesional de Lasso ha obtenido los votos de las clases medias progresistas y los indígenas de la Sierra. Todo mezclado, todo aparentemente confundido.
 
No ha sido fácil para muchas de nosotros votar por Lasso. Lo hemos hecho en nombre de recuperar la posibilidad de que el disenso no sea sinónimo de crimen y persecución política.