Coaliciones y fantasmas | Vistazo

Coaliciones y fantasmas

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

Coaliciones y fantasmas

Viernes, 21 de Julio de 2017 - 11:41
En la campaña electoral se advertía, con cierta frecuencia, el regreso de las mayorías móviles como medida de alivio legislativo para cualquiera de los candidatos presidenciales que, a excepción de Lenín Moreno, triunfara en las urnas. Dada la fragmentación de las oposiciones, no era descabellado suponer que Alianza PAIS iba a ser la gran fuerza política.
 
Por eso a Guillermo Lasso, Cynthia Viteri y Paco Moncayo se les preguntaba, con cierta insistencia, cómo plantearían su relación con la Asamblea Nacional desde una posición minoritaria para sortear la inmensa capacidad de bloqueo que el correísmo suponía.
 
Andrés Mejía Acosta desarrolló la teoría de las coaliciones fantasmas para explicar cómo los presidentes de los años 90 se garantizaban mínimos márgenes de gobernabilidad con el objetivo de impulsar sus casi siempre reformas económicas impopulares.
 
Mejía parte del argumento de que la política ecuatoriana repele cualquier intento de diálogo y acuerdo formal entre un Presidente de la República y los líderes de la oposición, por miedo a perder legitimidad ante los electores. Así, la única forma de tener éxito legislativo era pactando tras bastidores temas muy específicos, en períodos cortos de tiempo y sobre la base del reparto de cuotas de poder.
 
A medida que se aprobaba una ley y venía otra, los operadores políticos de los gobiernos de turno debían armar un nuevo acuerdo funcional.
 
En estas primeras semanas de gobierno, el escenario de las mayorías móviles vuelve a cobrar importancia, pues Lenín Moreno está muy interesado en asegurarse un apoyo legislativo opositor por fuera de la holgada fuerza de su bancada Alianza PAIS.
 
Todo parece indicar que la ruptura entre correístas y morenistas es posible, pues la hipótesis del tongo ha perdido consistencia. El expresidente y sus aliados (legisladores, fanáticos y trolls) cuestionan cada decisión de Moreno –el policía bueno– en su afán por apaciguar a los ecuatorianos, revelar los problemas económicos heredados y provocar a los más radicales.
 
La buena sintonía entre el Mandatario y el alcalde Jaime Nebot se siente en la predisposición del PSC por apoyarlo en la Asamblea. Lo mismo se puede decir de las izquierdas y del alcalde de Quito, Mauricio Rodas, cuyo movimiento votó con el oficialismo en la ley de los paraísos fiscales, rompiendo con Creo y Lasso.
 
Moreno se acerca así a unos 40 legisladores que bien podrían sacarle de apuros, si Alianza PAIS revienta y muchos se van con Correa a la oposición radical.
 
El fantasma del expresidente es un factor al que Moreno tiene que prestarle atención, por eso su interés en una coalición más centrista que le permita esa gobernabilidad que en los tiempos del CFP y de Don Assad, Jaime Roldós nunca la tuvo.
 
El margen de maniobra es estrecho, pues Lasso, el otro opositor de Moreno, ha preferido no morder el anzuelo de la reconciliación en torno a la figura del nuevo Presidente. Lo suyo es el escepticismo frente a las medidas económicas y los cambios políticos que para él no pasan de los anuncios.