Blindaje | Vistazo

Blindaje

Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Blindaje

Lunes, 10 de Abril de 2017 - 10:55

Hace 2 siglos América Latina aplicó un proyecto político transnacional, el liberalismo, que inicialmente sirvió para liberarla del imperio español. Posteriormente se utilizó para inaugurar la democracia como sistema de gobierno, con alternancia y separación de poderes, pero también con tutela militar y líderes iluminados o déspotas que alternaron democracias con dictaduras 

A fines del siglo XX con el colapso del imperio comunista soviético, practicante del socialismo de estado que niega las libertades individuales, en lugar de afianzarse el estado de derecho se creó espacio para el socialismo del siglo XXI que instauró en el poder de varios países de Indoamérica un sistema de dictaduras plebiscitarias. 
 
Con constituciones aprobadas en referéndum que en su parte dogmática marcaron un avance de gran significación declarativa, mientras la parte orgánica con los entes que ejercen el poder estableció una dictadura estatal. Con un estado candidato, empresario, educador, comunicador, clientelar y omnipresente en la vida privada de los ciudadanos. Lo cual deriva en un blindaje del sistema porque controla hasta la función electoral. 
 
Este gran contrabando político ocurrió a vista y paciencia del Imperio que unilateral e históricamente había asumido la defensa del sistema liberal, pero a su particular manera porque en los momentos más duros de la guerra fría con el Imperio Soviético no eran gobiernos democráticos sino dictaduras militares las que poblaban el mapa. 
 
La razón era la amenaza nuclear que se suponía sofocada con un gorilarium gubernativo a lo largo y ancho de las Américas. Desaparecida la amenaza nuclear con la disolución del Imperio Soviético cesó el intervencionismo y apareció el espacio para que Fidel Castro y Lula a través del Foro de Sao Paulo prohíjen el socialismo de estado frente a la fiebre económica neoliberal que tuvo su cuarto de hora. 
 
A estas alturas del partido el anclaje de estabilidad de estos regímenes es sacudido por una corrupción galopante que desnuda su doble discurso y que el poder no es del pueblo sino de un grupo de amigos que con el cuento de la reelección indefinida han decidido tomarse toda la vida para ejecutar promesas insolventes. Por ello el resultado de la segunda vuelta es solo el peldaño más importante de un cambio de verdad.  
 
Pues la situación de Venezuela, Argentina y Brasil es elocuente, se puede ganar elecciones venciendo al fraude o destituir con los resortes de fiscalización y control pero hay un blindaje que interpone ingobernabilidad al cambio que solo capta un poder parcial.
 
Y a su vez, lo que es peor, que el cambio no gane la elección también implica ingobernabilidad porque se marca estabilidad en conductas erráticas. Que a través de endeudamiento e impuestos no van más allá de una despedida a todo dar a quien gobernó una década, mientras se financiaba la campaña del estado candidato.
 
La coyuntura exige un cambio con cualquier resultado electoral.