Te creíste en Londres, maestro | Vistazo

Te creíste en Londres, maestro

Opinión, Santiago Roldós

Santiago Roldós

Te creíste en Londres, maestro

Viernes, 10 de Febrero de 2017 - 11:47
Mi maestro de dirección teatral en México, un divertido y tiránico polaco con problemas de dicción, solía deslegitimar nuestras ideas, y a la sociedad supuestamente tercermundista que le brindó asilo, con una frase hecha: “¡Te creíste en Londres, maestro!”. 
 
Significaba que eras un ser absolutamente fuera de la realidad y sus reglas, un enfermo de ingenuidad y unos delirios de grandeza que, sin embargo, nadie padecía a su nivel: con todo y su discutible ética, la potencia de sus obras obedecía, en gran medida, a su permanente lucha contra los límites e imposiciones de la mediocridad imperante. Ante el desasosiego de las elecciones del 19 de febrero, he decidido creerme en Londres, y pedir lo imposible. 
 
Las principales fuerzas políticas opositoras ecuatorianas, encabezadas por Guillermo Lasso, Paco Moncayo y Cynthia Viteri, deben sentarse a conversar ya, para deponer dos candidaturas a favor de una tercera. Esto, que parece de una candidez inverosímil, sería un golpe de efecto extraordinario, le entregaría por completo la iniciativa a tal alternativa, súbitamente fortalecida a escasos días de los comicios (incluyendo el tema del control electoral contra el fraude de PAÍS), y dejaría al oficialismo casi sin margen de maniobra.
 
Pero, aún más importante, ese gesto abriría la construcción de otro imposible, el verdadero imperativo de estos días: ¿cómo salir de una de las peores y más complejas formas de dictadura, aquella bendecida por amplios sectores de la propia sociedad sojuzgada? 
 
Contestar esa pregunta no es tarea de un bloque, sino de una coalición nacional capaz de organizar un gobierno de transición democrática, donde deberían participar tanto los dos renunciantes a la presidencia como sus movimientos, desde la izquierda radical hasta la derecha pura y dura. Fiscalizar la corrupción y los atropellos del régimen anterior; crear una nueva Constitución; derogar un buen número de Leyes; encajar la crisis incubada en estos años de descontrol y locura; etc., va a demandar una fuerza y una legitimidad inéditas.
 
Alianza PAÍS sólo puede ser derrotada por otra alianza país, una radicalmente distinta y opuesta a esa unidad que perfeccionó los peores signos de nuestra democracia colonial. Pero ese gobierno transversal, que abjure de la imposición de un programa ajustado a una voluntad unívoca y desquiciada, no basta. Pase lo que pase, tengan o no las candidaturas la inteligencia de hacer renunciamientos y unirse, lo crucial será que los diversos sectores constituyentes de la sociedad ecuatoriana dejemos de asumir nuestro voto como un cheque en blanco. 
 
Liberales e izquierdistas norteamericanas dieron ejemplo, desde el primer día de Trump presidente: gane quien gane, habrá que tomarse las calles y recuperar las organizaciones. Y no volver a cerrar los ojos ante los primeros signos de despotismo en nombre de ninguna utopía.
 
Pero las candidaturas tienen que dar el primer paso, por encima de toda ambición. “¡Te creíste en Londres, maestro!”, me dirá Ludwik desde su tumba. No. Tengo los pies en esta hoy triste tierra, presa del desasosegante deshojar de una margarita que no emociona a nadie, que no ilusiona a nadie, como casi siempre en los últimos 35 años de democracia. Ante eso, Paco, Cynthia y Guillermo, cabe ser originales. Cabe dar el sobresalto. Nuestra gratitud será eterna.