Hacia un feminismo no solo de mujeres | Vistazo

Hacia un feminismo no solo de mujeres

Opinión, Santiago Roldós

Santiago Roldós

Hacia un feminismo no solo de mujeres

Jueves, 01 de Diciembre de 2016 - 15:05

Imposible consignar en esta columna todo lo desplegado por mis compañeras y las activistas, artistas y estudiosas que colaboraron con estos diálogos entre arte, cultura y política, buscando problematizar lo que para Muégano constituye uno de los núcleos de la anti democracia ecuatoriana. Y aunque en la fan page del grupo ya se pueden visualizar extractos, y esperamos publicar pronto los textos completos, valga por ahora este resumen. A partir del episodio de establecimientos de arte borrando el título “Frida y el aborto” de un cuadro de la pintora mexicana, y tras repartir entre la asistencia ganchos de ropa, Cristina Burneo realizó una documentada defensa del derecho a decidir, enseñándonos entre otras cosas cómo la designación de ello como aborto se puede datar entre los siglos XV y XVI, en una especie de genealogía de la criminalización de una realidad tan natural (la recuperación del ciclo menstrual) como la del embarazo. “Los ganchos solo para la ropa” y “Abortamos desde tiempos inmemoriales… y lo continuaremos haciendo” fueron dos imágenes estremecedoras. 

Verónica Espinel, excoordinadora técnica de la ENIPLA, repasó la muerte de la Estrategia Nacional Intersectorial para la Planificación Familiar y la Prevención del Embarazo Adolescente a favor de la educación confesional anticonstitucional promovida por Alianza PAÍS y su Plan Familia, y permitió repasar renuncias y sometimientos de lo que podríamos llamar “feminismo institucional ecuatoriano” durante estos 10 años de agudización del heteropatriarcado. Un sistema de relaciones que, en la lectura y comentarios de Ybelice Briseño y Marcia Cevallos del documental “La maleta de Marta”, de Günter Schwaiger, tiene al feminicidio en su cúspide, pero en cuya base y escalada suma microfacismos que van desde el chiste misógino y la desigualdad, pasando por el rol de la educación, la religión y los medios de comunicación, etc.

Politizar la violencia de género significaría, entonces, cuestionar esa estructura de manera cotidiana, en una verdadera reeducación no solo de las mujeres. Los hombres constituimos una parte importante del diálogo entre Anye Marín, estudiosa de diversas diásporas del feminismo, y Jéssica Jara, sicoanalista de la escuela lacaniana. Un debate que se extendió más allá de lo previsto, quizás porque ya era nuestra cuarta jornada, y las y los asistentes pudimos empezar a verter nuestros conflictos, disonancias, confusiones y vulnerabilidades. No son tiempos fáciles, ni para las mujeres ni para los hombres, y no precisamente porque ellas nos amenacen, sino porque el feminismo también nos compete, concierne e interpela, ofreciéndonos, en mi opinión, una oportunidad para nuestra emancipación. Por supuesto: a cambio de cuestionar y perder privilegios. Quedan fuera de esta síntesis las instalaciones de María Coba y Daya Ortiz, el performance de Verónica Lahite, y los trabajos escénicos, estrenados o revisitados, de Pilar Aranda, Marcia Cevallos, Estefanía Rodríguez y Bárbara Aranda, estos últimos nacidos independientemente de estas jornadas, por otra parte no pensadas para activar solo durante cinco días, sino para poner en valor, desde el quehacer de cada quien, la posibilidad de la activación permanente, de la crítica y la diversión, que en el caso de Muégano llamamos teatro. (O)