Elecciones 2017, matar a Dios | Vistazo

Elecciones 2017, matar a Dios

Opinión, Santiago Roldós

Santiago Roldós

Elecciones 2017, matar a Dios

Viernes, 16 de Diciembre de 2016 - 09:54
Vistas las formas de consolidarse las candidaturas, reproduciendo vicios, chanchullos e inconsecuencias de los regímenes anteriores, parece imposible vislumbrar una campaña que produzca gesto o  signo alentador alguno de superación del status quo, más allá de la sustitución de unos nombres por otros.
 
Desalojar del poder a Alianza PAIS y su perfeccionamiento del despotismo, la exclusión, el atropello y la censura en nombre de la justicia, es sin duda perentorio. Muchos esperaremos hasta el último momento para ver cuál de las divididas opciones opositoras se encuentra mejor posicionada, es importante recordarlo, del mismo modo en que hemos venido votando hace lustros: en contra, y no a favor de (incluyendo la elección Noboa-Correa). 
 
Para quienes mantenemos perspectivas anarquistas, el voto nulo hoy no es una opción, o sólo lo es en un campo meramente sentimental, el de un fuero interno que no se resigna a los renunciamientos a los que nos empuja esta democracia representativa.
 
En mí, eso se traduce en no descartar el escenario de votar por un candidato del Opus Dei que, entre otras cuestiones, coincide y comparte criterios en uno de los campos más aberrantes del poder actual: el control y la criminalización de la libertad de elección de la mujer. 
 
Me coloco en ese extremo para perfilar lo que, sea cual fuere el resultado de la primera vuelta electoral, tendría que ocurrir en los distintos círculos, grupos e individuos que constituyen a la sociedad ecuatoriana, obligada a mirar más allá de las pobres, deprimentes y a veces hasta nauseabunda ofertas de la actual clase política.
 
La imposibilidad ya anunciada por militantes, simpatizantes o adherentes a la izquierda, de votar en una hipotética segunda vuelta por Guillermo Lasso o Cynthia Viteri, en razón del ontológico, tautológico y teológico argumento de que su “ser” de izquierdas les impide alinearse con la derecha, es ilegítimo.
 
Primero porque eso precisamente es lo que la izquierda ha hecho históricamente, sin querer queriendo, desde los tiempos de Guevara Moreno y el Velasco Ibarra de La Gloriosa, hasta los de la Asamblea Nacional Constituyente de Montecristi. Sino sobre todo porque el voto, con todos los límites de la democracia representativa, no puede suponer un cheque en blanco. 
 
Gane quien gane las elecciones, lo que la sociedad ecuatoriana debe hacer es oponer resistencia, crítica y límites al poder. Esto es precisamente lo que no ocurrió en 2006 y 2007, cuando el relato, la promesa y la utopía de un paraíso terrenal ocuparon el lugar de la realidad. 
 
En la obra de Muégano “Ulrike Newton John en busca de la militancia perdida”, un personaje evoca cómo el marxismo de su padre, un materialista que odiaba la religión, estaba colmado de imágenes bíblicas y angélicas.
 
El secuestro y desgarramiento de los movimientos sociales protagonizados y santificados por los alfaristas, bolivarianos y socialistas del siglo XXI en el poder, no consistió tanto en una traición “a la izquierda” como a la democracia, de la cual hemos desconfiado sin asumir radicalmente sus dialécticos retos.  (O)