Corrupción | Vistazo

Corrupción

Opinión, Patricia Estupiñán

Patricia Estupiñán

Corrupción

Jueves, 17 de Noviembre de 2016 - 12:17
 
No hay una demostración más dramática del costo de la corrupción, que las víctimas de un terremoto. En 2010, un sismo de 7.0 sacudió Haití, matando a 316 mil personas. El pasado sábado un terremoto de 7.8 –de igual magnitud que el de Ecuador– y un tsunami azotaron a Nueva Zelanda: hubo dos muertos. 
 
Los edificios en Haití habían violado las normas de construcción. La corrupción es el mayor lastre de los países en vías de desarrollo. No distingue entre regímenes de derecha o izquierda, pero probablemente lastima más cuando corroe a los de izquierda ya que ésta tiene como su bandera la lucha por la igualdad y la justicia social y sus líderes fanfarronean su altruismo y sacrificio personal. “Todo para la patria, nada para nosotros. Manos limpias, corazones ardientes”. Son las beatas de la política.
 
En Brasil el expresidente Lula da Silva, figura venerada de la izquierda latinoamericana, ha recibido entre múltiples “favores” 2,3 millones de dólares en efectivo de la empresa Odebrecht.
 
Hugo Chávez de Venezuela, el fundador del Socialismo del Siglo XXI, también recibió transferencias por la ampliación del Metro de Caracas de la misma empresa; y Cristina Fernández y su esposo Néstor Kirchner en Argentina incrementaron el patrimonio familiar en 2.000 por ciento desde el gobierno. Fernández está acusada de corrupción en 415 procesos.
 
Por esto causa un sacudón telúrico escuchar al presidente Correa defender la inocencia de dichos líderes a pesar de las evidencias y además sostener que detrás de las acusaciones hay un nuevo plan Cóndor para “destruir a los gobiernos progresistas de la región”.
 
No obstante, su lógica con respecto al mayor caso de corrupción en su gobierno, y en uno de los proyectos más importantes, la repotenciación de la refinería de Esmeraldas, de Petroecuador, tiene el impacto de un terremoto. Ha dicho que no conoció al gerente de la refinería, Alex Bravo; que el exministro Carlos Pareja fue recomendado por los sindicatos, y por último, que el exgerente de Petroecuador sindicado como cabecilla de la operación era un “funcionario de carrera”, como si todos ellos hubiesen sido un producto del pasado, de la “partidocracia”. 
 
¿Cambia en algo estas excusas el hecho de que faltó responsabilidad en quienes debieron controlar la administración de Petroecuador y de los contratos millonarios que ahí se firmaron? Hay cientos de otros proyectos millonarios ejecutados en esta “década ganada”, en los cuales seguramente el régimen tuvo que emplear a funcionarios de carrera y profesionales que probablemente tampoco conocía el Presidente. ¿Se controlaron de la misma manera dichos proyectos que en Petroecuador?
¿Importa ser de la partidocracia o socialista del Siglo XXI, rico o pobre, de derecha o izquierda en actos de corrupción? La corrupción no tiene ideología ni tamaño de bolsillo pero lo que sí hace es corroer a la sociedad y sus valores. ¿Podremos alguna vez hacer un frente común contra la corrupción?