Dilema | Vistazo

Dilema

Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Dilema

Jueves, 01 de Diciembre de 2016 - 14:57

La carrera electoral es una apuesta con varias opciones. La continuidad del proyecto político o el continuismo del correísmo, ser o no ser, el dilema de Lenín Moreno. Frente al delirio de la final presidencial con dos opositores o el triunfo en una sola vuelta del estado candidato por causa de los chimbadores. Hasta el momento han surgido esos elementos que cambian el curso de la historia, como evaporación de la lotería petrolera, secuela impositiva, contracción económica, no reelección de Rafael Correa, los papeles de Panamá y la red de corrupción en Petroecuador, así como la visita papal, ablandamiento opositor ante lluvia de proyectos urgentes, abandono de la gloriosa resistencia en las calles para sumergirse en el cómodo bochinche milénico de las redes sociales, dispersión electoral, e inacción frente a la red de corrupción.

De un lado la glotonería de poder y del otro las hambres atrasadas de no poder, dos malos consejeros. El dilema leninista, entendiendo leninismo como la doctrina política que impone un régimen de partido único estatal, podría finalmente erigirse en el punto clave. Un caudillo que se retira después de gobernar una década ininterrumpida con la mayor bonanza econó- mica, o un caudillo que solo ve al retiro como un período sabático para irse y luego volver, o un caudillo que no resiste la idea de dejar de ser el número uno y cuyo ego confundido puede arruinar la elección de su sucesor o dejarle un cangrejo en la bragueta, sin mayoría en la asamblea y una crisis económica que se alcanza a jinetear hasta que salga rumbo a Bruselas. Por lo pronto el continuismo correísta ha salido a cortarle el paso a la continuidad del proyecto político porque no acepta modificaciones de ningún tipo a su modelo, ni en las escuelas del milenio ni en el anticipo del impuesto a la renta según lo anunció el sucesor. Que fue designado a regañadientes porque su candidato ideal siempre era Glas como clonación incompleta que satisfacía todas sus complacencias. Pues con Lenín Moreno hay el riesgo de que surja y se afiance un nuevo líder para el proyecto político que ha marcado al país, y eso parece que no está en la agenda oculta del gran timonel.

Los hechos son los que hablan y ese mamotreto jurídico de la consulta popular, autorizada por la corte constitucional, no es otra cosa que una tarima metálica levantada arbitrariamente en medio de la pista para que el dueño del circo electoral perifonee lo que el sucesor debe hacer y lo que los opositores no pueden hacer. O se convierte en el duro que hará el trabajo sucio que Lenín el bueno no sabe o no quiere hacer, o lo reducirá a la categoría pelele como hizo con Barrera. Misterios gozosos o dolorosos, pero al fin y al cabo misterios en una transición política de pronóstico reservado. En todo caso el gran timonel con su desenfreno será quien ponga sucesor, aunque ni él mismo sabe si será propio o ajeno porque en su lógica bipolar del que nunca pierde le da lo mismo. (O)