Incesto | Vistazo

Incesto

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

Incesto

Viernes, 16 de Diciembre de 2016 - 10:23

 La Constitución de 2008 consagró, de manera definitiva, la dependencia del Banco Central al Ejecutivo. Sin ingresos petroleros, la estrategia para posponer el ajuste fiscal fue el endeudamiento agresivo. El Banco Central se transformó en la caja chica de un gobierno gastador. 

El Código Monetario creó el peligroso concepto de excedente de liquidez que autorizó al Banco Central a canalizar este supuesto “sobrante” hacia la inversión doméstica. Sin embargo, los recursos en el Banco Central no son de su propiedad, sino de los depositantes del sistema financiero, de la seguridad social y de las instituciones del gobierno. El Banco Central es solamente su custodio y tiene que ser lo suficientemente prudente para poder devolverlos a sus legítimos propietarios cuando estos lo requieran. 
 
Pero estas consideraciones son secundarias cuando se trata de alimentar a las insaciables arcas fiscales. A la fecha, el gobierno ha usado $ 4.200 millones de las reservas internacionales para financiar el gasto público, y ahora va por más. ¿Cómo lo hará?
 
Inmovilizando más liquidez en el Banco Central. De cada dólar que depositamos en una institución financiera, una porción va al Banco Central como reserva líquida para que, cuando queramos retirarlos, estén disponibles. A esto se llama encaje bancario. En agosto, se autorizó a que las instituciones financieras inviertan hasta el 75% del encaje en papeles del Banco Central.
 
En noviembre, se incrementó el encaje de 2% a 5% para los bancos más grandes, congelando en el Banco Central alrededor de $ 750 millones. Finalmente, se cambió la forma de cálculo del coeficiente de liquidez doméstica obligando a las instituciones financieras a repatriar alrededor de $ 500 millones adicionales que también terminarán depositados en el Banco Central. 
 
Actualmente, las instituciones financieras gozan de una elevada liquidez como resultado del fuerte endeudamiento público que permitió al gobierno ponerse al día con sus proveedores. Los depósitos dejaron de caer en agosto, pero el crédito no repunta todavía. Lo ideal hubiera sido que un ambiente favorable a la inversión permita generar un shock de confianza que transforme esa liquidez en créditos para la inversión productiva y el comercio. 
 
Pero no vivimos un ambiente favorable a la inversión, y la liquidez que por ahora está sin colocar en el sistema financiero ya no estará disponible para una futura expansión crediticia. Para entonces, ya habrá sido gastada por el gobierno cuyas prioridades son claras: sostener la ficción de una recuperación económica a cualquier costo con tal de ganar las elecciones. Lo demás no importa. Finalmente, la prudencia no ha sido considerada una virtud en la última década.
 
El próximo gobierno tendrá que corregir los desequilibrios monetarios de una relación incestuosa entre el Banco Central y las arcas fiscales que terminó por incrementar el riesgo del sistema financiero. (O)